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HOMILÍAS DOMINICALES

III Domingo de Pascua 30 de Abril 2017


Disculpas que no tenemos Homilias Dominicales corrientes para mandarles esta semana. En su lugar, le mandamos una reflección de nuestros archivos.

Paz en Cristo,


 

III Domingo de Pascua

5.04.14

Hechos 2: 14, 22-23

Pedro 1: 17-21

Lucas 24: 13-35

El Evangelio nos cuenta la linda historia de los dos discípulos en el camino a Emaús. Nos hace preguntarnos como fuera posible que estos dos discípulos que sabían tanto de Jesús y de sus enseñanzas hayan podido caminar once kilómetros en su presencia sin reconocerle. Le llamaron forastero, persona de lejos, individuo desconocido. Nos imaginamos que habían visto a Jesús en varias ocasiones, tal vez habían hablado con El, y habían escuchado sus palabras. Sin embargo, es solamente en la fracción del pan alrededor de la mesa que se abrieron sus ojos.

Es interesante que le reconocieran en la fracción del pan. Probablemente estos dos no estaban presentes la noche de la Ultima Cena. Ellos no habían escuchado las palabras de Jesús diciendo que el pan era su Cuerpo. La cena que ellos dos compartieron con Jesús era una cena ordinaria de dos viajeros llegando a du destino, cansados, desilusionados, y sin esperanza. Ellos habían escuchado las palabras de Jesús explicando los pasajes de las Escrituras que se referían a él. Ellos mimos decían que su corazón ardía al escucharle. Pero el poder de Dios viene en el momento de la fracción de pan, y se abrió su mente para entender.

Igual como con los otros discípulos que no reconocieron a Jesús después de la Resurrección, no era un caso de su memoria fallando. Era que el reconocimiento a Jesús dependía en la acción del Espíritu Santo. María Magdalena escuchó la voz de Jesús diciendo su nombre con amor, y le reconoció. Los discípulos escucharon su voz ofreciéndoles paz, y le reconocieron. En el evangelio de la semana pasada, sabemos que mismo después de la primera aparición a los discípulos en el cuarto cerrando, quedaron encerrados en el cuarto. Es solamente cuando el Espíritu Santo les dan el impulso que salen para predicar, como Pedro en la primera lectura hoy.

Estas lecturas nos hacen pensar. Es muy posible que nosotros no reconocen a Cristo cuando El están con nosotros en los acontecimientos de la vida. Como los discípulos, tenemos en la mente una expectativa de cómo va a parecer Jesús, como le vamos a ver, y bajo que circunstancias El va a estar presente. Pero Jesús no está limitado por nuestro entendimiento, por nuestras ideas y nuestros modos de pensar. Es muy posible que Jesús está caminando con nosotros y tenemos los ojos cerrados, como los discípulos en el camino de Emaús.

Son muchas las ocasiones cuando caminamos con duda, con preocupación, con miedo. Son muchas las ocasiones cuando caminamos sin alegría, sin confianza, sin esperanza. A veces platicamos con unos amigos, compartiendo nuestra tristeza y preguntándonos como Dios puede dejarnos así. Son muchas las ocasiones cuando pensamos que todo lo que hemos hecho hasta ahora está en vano. Y de repente, con una palabra, un gesto, o una mirada, se abren nuestros ojos y nos demos cuenta de que Jesús está presente.

En las lecturas vemos que una vez que los discípulos reconocen a Jesús, se convierten en mensajeros de la Buena Nueva. Dentro de poco vamos a recibirle a Jesús bajo la apariencia de Pan y Vino en la Santa Comunión. Vamos a pedir al Espíritu Santo que nos llene con su poder para ver, para creer, y para convertirnos en mensajeros de la Buena Nueva. Así, nuestras palabras, nuestras acciones y nuestro amor proclamarán que Jesús resucitó.

Sr Kathleen Maire OP <kmaire@verizon.net>



DOMINGO 3 DE PASCUA - A -

14 de Marzo, 2002

TEMA: " EL CAMINO DE LOS SUEÑOS ROTOS "

Lecturas: Hechos 2, 14, 22-3; I Pedro 1, 17-21; Lucas 24, 13-35

I.- EXPERIENCIA:

1. Cada uno de los aquí presentes, sin duda, ha caminado a lo largo de la vida por esos caminos cuando los sueños de ilusión, de esperanzas, de metas, se han quebrantado como muñecos de barro y han caído a trozos por el suelo. Casi es como ley de vida. Pues de humanos es soñar, es trazar la meta muy alta para poder llegar a algún lugar, a conseguir algo que merezca la pena, o algo de lo que uno pueda estar orgulloso en la vida. Hay sueños individuales y hay sueños familiares. Y las mejores historias y cuentos y novelas de Televisión son aquellas que empiezan con esos sueños casi imposibles y que con un algo de eperanza, con un algo de suerte, y con mucho esfuerzo y lágrimas, llegan al fin deseado y triunfan. Hay una especie de identificación personal con esos caracteres del Cine o de la Televisión que en medio de las dificultades y tragedias de la vida, se sobreponen a las mismas, se llenan de fuerza, sacan fuerzas de flaqueza, y triunfan en la vida. Lo que nosotros no hemos podido hacer, y las metas que no hemos podido alcanzar, ellos lo han hecho y las han alcanzado. Son sueños realizados contra viento y marea. Betty la Fea, de nuestras novelas Hispanas, es uno de esos caracteres que se pegan a la multitud porque ha sabido sobreponerse a las dificultades de la vida, y llegado a triunfar. Sus sueños se han realizado.

2. Y hay otros que tienen que tragarse la amargura del fracaso de sus sueños y tienen que desandar su propio camino de Emmaús, en llanto, sumidos en su total tristeza, como esos dos discípulos de Jesús del Evangelio de hoy, ( podríamos hasta pensar que en vez de dos hombres discípulos, pudieran ser Cleofás y su misma esposa...¿ Porqué no incluir esta posibilidad de las mujeres discípulos aquí en el camino de Enmaús ?.... ) que van especulando sobre lo que pudiera haber podido ser si sus sueños se hubieran realizado. A veces hay que desandar el camino y volver al punto de partida, a la familia, a la casa, e incluso a veces, a su propio país de origen. A veces los sueños de Fortuna y de Riqueza traen innumerables problemas a las mismas personas, a las familias… Y uno se pregunta si de verdad hubiéramos estado mejor en nuestro país, rodeado de nuestra familia, de nuestra música, de nuestra cultura, de nuestras montañas y llanuras, de nuestro entorno familiar…Y sentirnos arropados por todas esas circunstancias al proseguir sueños hechos y soñados quizá a menor escala. Es duro soñar muy alto y despertar sabiendo que los sueños se han convertido en pesadillas. A todos nos ha pasado algo de eso, no solo desde el punto de vista material, sino en el plano espiritual.

3. Los discípulos de Jesús en su camino de vuelta a Enmaús, emprenden el viaje de regreso a su vida de antes, a su

pueblo, quizá a sus tierras y a sus ganados. La epopeya del predicador itinerante de Galilea había llegado a su fin. Jesús, el Maestro de Nazaret, el que creían que iba a instaurar el Nuevo Reino de Israel, había terminado su vida como un vulgar ladrón, colgado de un madero. Esos kilómetros, unos once kilómetros, o siete millas que dice el Evangelista San Lucas, desde Jerusalén a Enmaús, deben habérseles hecho muy largos. Es el camino de la soledad, es el camino de los sueños rotos, es el camino del fracaso del predicador de Galilea, y de ellos mismos como seguidores suyos…La vida iba a ser muy difícil desde ese momento en adelante. La vida es muy difícil para cada uno de nosotros, fracasados y quebrantados tantas veces, cuando la vida desde cualquier ángulo, nos da un golpe muy fuerte y que casi nos deja fuera de combate. Es duro el caminar por el camino de los sueños rotos. Y sin embargo, Alguien que ya está cerca de esos dos discípulos, va a hacer brillar algo de luz y esperanza sobre las tinieblas y aparente fracaso que han presenciado. Este Alguien para ellos y para nosotros va a marcarles en su camino de sufrimiento, y su presencia, de desconocido, va a hacer que la desesperación y fracaso se tornen en futuro esperanzador. Cleofás y su acompañante somos nosotros, que caminamos por la vida con un saco de sueños rotos al hombro, derrengados, aplatastados. Pero, a nuestro lado, desde la Fe, podemos sentir algo dentro, e incluso ver a Alguien que se acerca a nuestra vida atribulada y que en su acompañamiento infunde fuerza, alegría, esperanza, para poder volver a soñar.

II.- REFLEXIÓN BÍBLICA:

Primera Lectura: Hechos 2, 14, 22-33

1. La figura de Pedro es quizá la que en los Evangelios es la más asequible sicológicamente a todos nosotros.

Este Pedro, impetuoso que se tiene que morder la lengua tantas veces por decir lo que no tiene que decir, y que tiene que arrepentirse y llorar por sus traiciones, este Pedro, después del evento de la Resurrección y sobre todo después de Pentecostés, de donde se toma parte del discurso de esta segunda Lectura, es el más afectado y el más transformado por la experiencia de la Resurreción de Jesús. Hay que ver con qué atrevimiento y fuerza da testimonio del Maestro, con qué claridad de mente habla sobre el misterio de la vida, de la muerte y de la resurrección de Jesus. Podíamos decir, parafraseando el dicho Español, " este no es mi Juan que me lo han cambiado ". Hay un cambio esencial en su persona y en la espiritualidad del Pedro de hace unos días que se quedó dormido mientras Jesús sufría en su alma la agonía de su Pasión, que negó conocer a Jesús ante la pregunta de una criada en los momentos de mayor soledad y desolación de Maestro. Hoy, sin embargo, proclama contra viento y marea a Jesús, Mesías, a quien Dios ha resucitado y ha sido exaltado y elevado a un puesto special a la derecha de Dios. Y no tiene inconveniente en echarle en cara a todos sus oyentes que le escuchan con admiración, que ellos han sido partícipes de ese gran crimen, han matado al Dador de la Vida. Es toda una transformación.

2. La experiencia de la Resurreccción es la causa suprema de esta transformación total de Pedro. Su miedo ha desaparecido y ha encontrado una nueva fuerza y energía que le impulsa incluso a hablar, y desata su lengua para que todos le oigan y le entiendan. Y todos le entienden, aunque provienen todos de distintos países. Pero Lucas que quiere dejarnos ver esta transformación en Pedro también nos deja entrever que la misma no es obra del mismo Pedro. Es una iniciativa hecha a través del poder del Espíritu prometido, para que Pedro, débil y miedoso, se convierta en el Pedro valiente y aguerrido, sin miedo. ( Hechos 2,1-12 ). Y con ello Lucas nos da a entender que esta transformación ocurrida en Pedro, cabeza del grupo de los Apóstoles es representativa de lo que ha ocurrido en la vida de los demás Apóstoles. Es toda una lección didactica para los mismos seguidores de Jesús, que al contemplar esa tranformación fuerte, radical, pronta, en Pedro, esto mismo puede y debe acontecer en el verdadero seguidor del Maestro de Nazareth, y que en virtud del poder de la Resurrección de Jesús, todos nosotros también estamos llamados a hacer que esa tramsformación o conversión sea una realidad en nuestras vidas.

3. Parte de este primer sermón de Pedro en el día de Pentecostés es ese tono de kerigma presente en el mismo. Y en

toda predicación kerigmática siempre hay en primer lugar un elemento de MISIÓN, Jesús ha sido el enviado por Dios. Ha sido también el que ha venido con el PODER de Dios, que Él mismo ha manifestado a través de todos los signos y milagros que hizo en nombre de Dios y en nombre propio, en su autoridad como Hijo de Dios. Él mismo ha sufrido traición y muerte de Cruz. Pero, en último lugar, Dios le ha resucitado de entre los muertos para que todo el mundo pueda darse cuenta de que Dios estaba con Él. Y dentro de esta proceso didáctico de Pedro, hay todo una referencia simbólica a todos los seguidores de Cristo. Los de antes y los de ahora. Ya en ese tiempo, Pedro podía entrever que de la misma manera que Jesús, el Maestro dulce, había sufrido muerte de Cruz, sus discípulos no iban a ser menos. Y aunque pareciera un escándalo en su humillación y muerte, sus seguidores podían mantener viva su esperanza de que Dios nunca les abandonaría y de la misma manera que Jesús fué elevado a la Gloria del Padre por su humillación y muerte, de igual manera Dios Padre haría con los seguidores de su Hijo. Todo ello fundamentado en las Escrituras de los Profetas sobre el Siervo Sufriente que confía totalmente en su Dios daría fuerzas a los Discípulos para mantenerse fieles, sobre todo en tiempos de persecución y muerte. Pedro y Lucas vienen a decir lo mismo a los discípulos de Jesús de su tiempo y de ahora: Debido a nuestra unión con Cristo, el ser humano seguidor de Él, experimentará el sufrimiento y la muerte. Sin embargo, esta unión será la causa de supervivencia. De nuestra transformación y de nuestra alegría.

Tercera Lectura: Evangelio de Lucas 24, 13-35

1. El relato de la aparición de Jesús resucitado a dos de sus discípulos en el camino de Enmaús es una de las más bellas narrativas de contenido teológico y Cristológico. Solamente es relatado por el Evangelista San Lucas, y a través de este relato podemos entrever la mente y el alma de aquellas primitivas comunidades cristianas, sobre todo de esa Comunidad de Siria y Antioquía para la que Lucas escribe alrededor del año 80 AD. Por ya casi dos generaciones desde la muerte de Jesús, los nuevos cristianos de la Comunidad de Antioquía y de otros lugares, han experimentado el encuentro con Jesús dentro de esas comunidades que se reúnen en Asamblea en nombre del Maestro. Su alimento ha sido la perticipación en la Palabra de Dios y en la Fracción del Pan. Esta perícopa les hace ver de una manera más sólida que esa experiencia de la Palabra y del Pan viene fundamentada a través de la experiencia de la Resurrección. Lucas hace una presentación literaria de este Jesús historico y resucitado ante una comunidad que a veces no ve, no entiende, no reconoce la presencia de Jesús en su vida.

2. El punto de partida del relato es la aparición de Jesús a las mujeres y la experiencia de las mismas y de Pedro y Juan en torno al sepulcro vacío. Y dicen: " Alguno de los nuestros han ido al sepulcro y han comprobado que las mujeres tenían razón. El sepulcro estaba vacío. Pero a Él no le han visto ". ( Lucas 24, 19 ). Y ese es el gran dilema didáctico que Lucas propone: "¿ cómo puede estar vivo si no se le ve ? ". Ver a Jesús, reconocerle a Él, como presente en sus vidas, esa era la lección de Lucas para esos primeros cristianos que tampoco sabían o podían verlo y reconocerlo en medio de los sufrimientos y persecuciones que eran ya parte de la vida de la Comunidad. La Comunidad debía ahondar en el concepto del lugar y el valor del sufrimiento en la vida de Cristo, tal y como Él lo hace saber e interpreta para esos dos discípulos. Y ahí es donde los miembros de esa primitiva comunidad deben buscar el significado del sufrimiento y de la persecución y de la muerte, en similitud con el maestro. Les hace falta la Gracia de Reconocimiento del Señor. Tampoco los discípulos del camino de Enmaús le reconocieron. La interpretación de Jesús de las Escrituras sobre el Hijo de Dios y el concepto de Siervo Doliente y luego la Fracción del Pan al caer la tarde, serán dos realidades bien fuertes para la meditación y reflexión en eso primeros cristianos, para anclarles y fundamentarles en la experiencia de la Fe y de la Resurrección.

3. A través de la belleza de esta narración exclusiva de Lucas los primeros cristianos y nosotros hacemos la transición del choque emocional de la ausencia en la tumba vacía a la realización plena de su presencia real en el camino. Y es en la repetición de lo que había hecho en la Última Cena, cuando vuelven a aceptarle y a reconocerle. Las palabras Eucarísticas de: " tomó ", " bendijo" ," partió " y " dió " de la fracción del Pan, no podían ser más claras. Es en esa comida Eucarística donde han vuelto a abrir los ojos y reconocerle como presente, de nuevo, entre ellos. Y se dan cuanta que no lo pueden ver como le habían visto con anterioridad. Es la nueva presencia del Maestro, que es la misma, pero que es diferente. Es esa misma falta de reconocimiento también que le sucede a María Magdalena, y luego más tarde, a los mismos discípulos. No le reconocen aunque Él mismo les dice que es Él, el mismo de antes. Pero su cuerpo y su persona ya GLORIFICADA añade esa realidad intangible y misteriosa, pero real, de su presencia. Es esa misma presencia la que esos primeros cristianos deben reconocer, según Lucas. Y esa misma presencia para nosotros, en el mundo de hoy, que a veces no vemos los signos de Dios, la mano de Dios, la presencia de Jesús, aunque Él sigue caminando a nuestro lado. Y a veces, incluso, como nos dice la bella oración de " Footprints in the Sand ", ( Huellas en la Arena ), sólo se ven un par de pisadas en la arena cuando nos sentimos maltrechos por la vida. No son ya nuestras pisadas en la soledad del sufrimiento y en la arena, son las pisadas de Jesús que nos lleva en brazos, sabiendo que a veces ni caminando junto a nosotros en la vida, es suficiente, por decirlo así de una manera teológica imperfecta, para seguir la ardua jornada. El mismo caminar nuestro es una gracia de Él. "Todo es gracia", que diría George Bernanos, al final de su novela "Diario de Un Cura de Aldea ", parafraseando al Apóstol San Pablo en su Carta a los Romanos ( 4, 16 ).

III.- RESPUESTA A LA PALABRA :

1. Los textos de las Lecturas de hoy y sobre el todo el texto de la narración evangélica nos dan varias respuestas sobre la pregunta, " ¿ dónde encontramos a Jesús ? ". Y la respuesta no la encontramos en el fragor de una guerra santa y victoriosa contra el enemigo político. Los discípulos de Enmaús ( y todos los seguidores del Jesús ) habían esperado que Él fuera en Nuevo Libertador de Israel que acabara con la prosión de los Romanos sobre el Pueblo de Israel ( v. 21 ). Jesús no se encuentra en el sepulcro. La Resurreción de Jesús no es un retorno al pasado. El verdadero encuentro con Jesús tienen lugar en la Palabra, La Fracción de Pan y la Profesión de Fe.. El lugar de Jesús está en la vida nueva que ha llegado, en la esperanza que llena a los creyentes y en la transformación del dolor y de la muerte por el poder de esa misma Resurreción. Encontrarlo es encontrar la vía de la salvación. De ahí la exlcamación de los dos discípulos: " ¿ No ardían nuestros corazones cuando nos habló y interpretó las Escrituras ? ". ( v. 33 ). Y ahí es donde está el gran misterio de la vida: Cómo poder ver, poder reconocer esa presencia de Dios en la vida de cada uno de nosotros, aún en medio de la desolación y del fracaso. Cómo aprender a ver y mirar y reconocer a este Dios que es fiel a sus promesas y que camina a nuestro lado.

2. Aparte del sentimiento de fracaso de los discípulos, y aparte de la presencia glorificada de Jesús al lado de ellos, Lucas quiere dar a entender a esas primeras comunidades cristianas ( y a nosotros ) la preponderancia de ese acto familiar, alrededor de una mesa, y sobre la cual el misterio eucarístico se desvela para ellos, una vez más. Sin duda, para las primeras comunidades cristianas este acto fué como UN SELLO de lo ya realizado en aquella última Cena y UNA PROMESA de que el mismo Jesús, ya resucitado, iba a estar con ellos para siempre. En esa fracción del Pan, en esa acción eucarística, en aquél momento y ahora, según nos dice B. Caballero en sus HOMILÍAS ( pp. 131-132 ) : " Participar en una Eucaristía significa tener un encuentro con Cristo Resucitado " La Misa de cada día o de cada Domingo es Cena Pascual de la Asamblea, es muerte y resurrección. Por tanto, toda Eucaristía debe tener como significado esencial el morir un poco más a nosotros mismos, al pecado, al egoísmo en todas sus formas y manifestaciones. Por eso los Teólogos nos dicen que lo importante de la Celebración Eucarística de la Misa del Domingo comienza cuando toda esa celebración cultual y litúrgica de la Asamblea ha terminado. Las Palabras de despedida del final de la Misa que a veces dejamos que resbalen sobre nuestras mentes, son una invitación a poner en práctica todo lo que hemos oído y recibido. " Nos convertimos en la persona que hemos comido ", dice San Agustín al hablar de estas oraciones y ritos de despedida de la Misa. Y como corolario y consecuecia podemos añadir, que salimos de la Eucaristía más dispuestos a cumplir como testigos de la vida, muerte y resurreción, la tarea apostólica que se nos ha confiado. Y como los discípulos de Enmaús, " con los corazones ardiendo " al haber experimentado en la Fracción del Pan, la presencia misteriosa pero real de Jesús resucitado.

3. Haber encontrado a Jesús ya es de por sí un gran don. Pero el poder contarlo y testimoniarlo a los demás es todavía un don mayor. Y es ahí donde cada uno de nosotros, en nuestra espiritualidad individual, y en nuestra conexión con Asambleas u Grupos Parroquiales, como líderes, como Catequistas, como Diáconos...podemos refinar nuestra propia vocación de TESTIGOS. Como los dos discípulos de Enmaús que volvieron a testimoniar ante los demás lo que Jesús había hecho con ellos, de la misma manera nuestro encuentro con Jesús debe terminar o proyectar nuestra vida hacia el testimonio, hacia el anuncio de tan Buena Nueva. Hay que anunciar de mil maneras que hemos visto a Jesús, que hemos encontrado a Dios. Y que no nos pase lo que les pasaba a los caracteres de una de las novelas del escritor católico americano Julian Green donde llega a poner en boca de uno de los personajes que "bajan del Calvario y hablan del tiempo ". La Eucaristía como banquete es una invitación especial y personal a una vida donde reine la hermandad, la armonía, la fraternidad, la comunidad de sentimientos de apoyo y de aceptación de los demás aunque estos sean diferentes, y aunque estos hablen una lengua diferente, o provengan de otros entornos o países diferentes, buscando también alcanzar sus SUEÑOS. El líder, el cristiano, debe ser fomentar estos sueños, mediante el apoyo y la aceptación y la celebración de toda la riqueza humana y espiritual que otros traen a nuestras vidas. También ellos sueñan. Y sueñan los sueños de su futuro y el de sus hijos. Como los discípulos de Enmaús soñaban también en su Mesías particular. Y hay que hacer de Jesús, acercándonos a ellos, y ayudarles a alimentar sus sueños y los de su familias. Hay muchas pesadillas y odios y en todas las partes del mundo. Hay tanta gente hoy día con sueños rotos. Ese puede ser el título o la vocación del cristiano, en torno a las lecturas de hoy. Ser Constructor de Sueños. Para que sus sueños no terminen en el camino de los sueños rotos.

CONCLUSIÓN Y CONEXIÓN EUCARÍSTICA :

1. San Agustín hablaba de su miedo a que Dios viniera a su vida y él no se hubiera dado cuenta y pasara de largo. También en nosotros puede tener cabida ese miedo saludable. "Temer que Dios llegue y pase ", podría ser un lema de vida. Lo ideal, por tanto, sería la invitación hospitalaria de los discípulos de Enmaús, letra del título de aquella canción de Emilio Vicente ( 1976 ), tan honda y llena de significado, y que hemos cantado tantas veces: " Quédate junto a nosotros que la noche está cayendo…" . Y " cuándo es noche ", preguntaba el Rabino a sus discípulos un día, y cada uno de ellos daba una respuesta según las horas del día. " Noche, el Rabino Maestro dijo al final del discurso, es cuando al mirar el rostro de tu semejante, no ves en ellos el rostro de tu hermano o de tu hermana ".

2. Lo que se ha anunciado en el Evangelio, una vez más, como cada día o cada Domingo, se está realizando de nuevo delante de nosotros, ahora. Estamos en Comunidad, celebrando su Palabra y partiendo su Pan. Es el pan de fuerza y alimento para proseguir el camino. Para ir en busca de este Dios a quien a veces no vemos. Para poder caminar con esperanza y no tengamos que gritar como aquellos que no tienen esperanza. Como gritaba Unamuno, aquél gran literato y filósofo Español de hace sólo unos años, Rector de la Gran Universidad de Salamanca: " ¿Señor, porqué no existes ? / ¿ Porqué te escondes? / Te buscamos y te hurtas / te llamamos y callas /, te buscamos / y Tú, Señor, no quieres / decir ¡Vedme, mis hijos ! ". El cristiano, el creyente, en medio de los misterios de la vida RECONOCE a Jesús, en su misma persona, vivo y resucitado, y en el rostro de todos su hermanos. Con Jesús resucitado a nuestro lado ya podemos volver a soñar. Qué grande es vivir, dice otra canción, y con esperanza cierta, seguir soñando con ese mundo nuevo de Luz, Vida, y Resurrección. " Quédate con nosotros que la noche está cayendo / pues sin tí a nuestro lado nada es justo y nada es bueno /. Al sentarnos junto a tí para cenar / conocimos quién eras al partirnos el pan ".

Fr. Isidoro V. Vicente, O.P.


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