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Palabras para Domingo

9.15.19

24 DOMINGO

Éxodo 32: 7-1, 13-14

1 Timoteo 1: 12-17

Lucas: 15: 1-32


 

A veces nos sorprende cuando una madre se asusta al aprender que su hijo o hija ha cometido un crimen y ahora tendría que pasar años en la cárcel.  Casi siempre su primera reacción es que el hijo es inocente.  Después la madre empieza a preguntarse acerca de lo que ella había hecho mal para causar este problema.  Al final de cuenta, para ella es preferible pensar que ella tiene la responsabilidad que aceptar que el hijo es culpable.

 

Por más que sabemos que no es una reacción razonable, sabemos que el dolor de la madre es tan grande que busca siempre una excusa para el hijo querido.  Entendemos que no es cuestión de razón.  Es cuestión de amor- el amor de la madre para su hijo.  Entendemos que la madre no puede ser feliz mientras que esté sufriendo el hijo querido.  Entendemos que la relación entre una madre y su hijo no se explica por lógico.  Es más bien una cuestión de sentimientos y lazos maternales. 

 

Es este tipo de amor que encontramos en las lecturas hoy.  En la lectura de Éxodo, mientras que Moisés está hablando con Dios, el pueblo que él había salvado de la esclavitud quiso un símbolo concreto y construyó un ídolo.  El recuerdo del gran poder de Dios en su favor no era suficiente.  El pueblo quería un símbolo como lo que tenían otras naciones.  A pesar de su gran ira, Dios se dejo convencer por las palabras de Moisés, y tuvo compasión de su gente.   Dios no solamente se desvió de su intención de castigarles, El les prometió una tierra fértil y muchas descendientes.   No era cuestión de lógico;  era cuestión de compasión y amor.  En los asuntos de Dios, no se trata de lo que merecemos.  Todo depende del amor y misericordia de Dios. 

 

En muchas maneras, somos nosotros como los Israelitas.   Hemos visto un sin número de pruebas del amor de Dios, y sin embargo, queremos esforzarle a Dios de actuar a nuestra manera.  Rechazamos las invitaciones de Dios de vivir en relación, imitando su compasión y misericordia.  Creamos ídolos de dinero, de poder, de control, de posesiones.  Queremos símbolos de nuestra importancia en vez de confiarnos en Dios.  Pero sabemos que Dios no nos deja a nuestras mañas.   Recibimos chance tras chance de regresar al abrazo de un Dios que nos quiere. 

 

En el Evangelio, leemos tres parábolas que hablan claramente de la misericordia de Dios, que no solamente perdona a los pecadores, pero que sale buscándoles.  En la primera, el pastor deja las noventa y nueve ovejas para buscar la perdida.  En la segunda, la mujer no queda tranquila hasta que encuentre la modela perdida.  Y en la linda parábola del hijo prodigo, el padre no deja de  buscarle al hijo, y al verle de lejos, sale corriendo a su encuentro. 

 

Las parábolas se cuentan para enseñarnos algo.  En este caso, es que la misericordia de Dios es activa y constante.  Dios es tan ansioso por nuestro retorno a su amor que no opera según lo lógico.  Nos toca abrir el corazón y aceptar su gran amor.  Este es la buena nueva del Evangelio.  La fiesta esta lista para cada pecador que se deja amar.
 


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com



 

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