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Palabras para Domingo

María y Marta

Génesis 18:1-10

Colosenses 1: 24-28

Lucas 10: 38-42


 

Es Sumamente Importante Tener en Cuenta que Dios pide de Nosotros un Equilibro entre el Servicio y la Oración

 

Posiblemente que en un momento hemos leído o escuchado el relato de María y Marta según el evangelio de san Lucas, y después de esa experiencia hemos obtenido una impresión distinta de estas dos hermanas acerca de su personalidad.  Generalmente los exégetas de la Sagrada Escritura explican este pasaje como una enseñanza sobre la necesidad de orar y la exaltación de la contemplación sobre la acción ministerial.  Esta interpretación es muy aceptada, pero no es la única manera para entenderla.   Varios comentaristas bíblicos proponen qué para entender bien el pasaje, hay que situarlo entre las técnicas que usó san Lucas en su relato del Evangelio.

 

Con frecuencia el evangelio de san Lucas ha sido llamado el evangelio de las mujeres.  En su relato aprendemos más acerca de las mujeres en la época de Jesús que en cualquier otro evangelio.  Este autor utiliza narraciones donde el hombre tiene el papel principal y narraciones donde la mujer ocupa este papel.  Vemos como las historias se va tornando, dando importancia a la mujer junto con el hombre.

 

Por ejemplo, vemos en su narración de la infancia de Jesús, san Lucas decide colocar al profeta Simeón, al principio del relato de la presentación, y a Ana, una profetisa, al fin del mismo.  En una de sus parábolas, vemos también como san Lucas presenta la historia de un hombre que pierde una de sus cien ovejas, y después la mujer que pierde una de sus diez monedas.  Cuando Jesús cura la mujer encorvada, le llama hija de Abrahán.   Después se encuentra con Zaqueo y lo llama hijo de Abrahán.  Así vemos como san Lucas utiliza esta técnica para demostrar que Jesús dio importancia a la mujer. Él es el único de los evangelistas que narra la historia qué entre los seguidores de Jesús, había un grupo de mujeres que cuidaban de su ministerio.

 

Dentro de este marco bíblico, vemos que la narración de María y Marta continua con el relato del Buen Samaritano que escuchamos la semana pasada.  Algunos comentaristas dicen que Marta está presentada como el equivalente femenino del buen samaritano.  Es Marta la que salió a recibir a Jesús.  Es Marta la que lo recibió en su casa con los brazos abiertos.  Es Marta que se preocupó de sus necesidades.  Es Marta que hizo todas las preparaciones para la cena de Jesús y sus discípulos.   Es Marta que había preparado todo para que Jesús se sintiera cómodo en su casa.  Es verdad también que esta es la casa donde Jesús fue a descansar y pasar tiempo con sus amigos, incluyendo Marta y su hermana María.  Según esta interpretación, es Marta que tiene el papel dominante.  En vez de menospreciar a Marta, el relato de hoy día la enaltece por su servicio. 

 

Luego también vemos como san Lucas distingue a María, la discípula que se sentó a los pies de Jesús para contemplar sus palabras.  Los comentaristas dicen que ella ésta representada como el ejemplar femenino de aun otra enseñanza de mucha importancia:  la necesidad de oír, orar, y reflexionar en las palabras de Jesús.  Poco después en el Evangelio, un hombre tendrá ese papel, al preguntarle a Jesús como orar.  En ese caso, Jesús responde con la oración del Padre Nuestro. 

 

La interpretación de la oración es importante.  Existen muchas mujeres que aún viven oprimidas en su casa y sufriendo de abuso doméstico.  A veces ellas piensan que este es su papel en la vida, un papel que tienen que aguantar en silencio.  Si entendemos correctamente el evangelio de san Lucas, podríamos decir que su mensaje sirve como fuente para darnos esperanza y ánimo.  Jesús contaba con mujeres entre sus discípulos. Jesús se esforzaba por enseñar su palabra a las mujeres. Jesús entendió su papel claramente en la tradición de su cultura, y a la misma vez no se dejó limitar por ello.  Jesús veía a las mujeres como hijas de Abrahán, y como hijas de Dios. 

 

La mayoría de nosotros, mujeres y hombres, pasamos más tiempo trabajando que en la oración.  A veces nos quejamos de que no hay ni un momento libre durante el día sin que alguien necesité de nuestra atención.  Por lo tanto, es sumamente importante tener en cuenta que Dios pide de nosotros un equilibro entre el servicio y la oración.  Las dos cosas son buenas y necesarias en nuestra vida, pero tenemos que mantener un equilibrio saludable entre el servicio y la oración     


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com



 

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