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Palabras para Domingo

La Santísima Trinidad

Proverbios 8: 22-31

Romanos 5: 1-5

Juan 16: 12-15


 

Venimos a la misa hoy en el fin de semana en que celebramos a los padres de familia.  Mayormente la gente está pensando en reuniones entre familia y amigos, preparando comida afuera y mirando los partidos de baseball.  Es un momento de divertirse y alegrarse con buenos compañeros. Y mas que todo, es una oportunidad de ponernos en relación con otras personas que tienen un lugar de importancia en nuestra vida.

 

Como si fuera de propósito, encontramos que la Iglesia hoy está celebrando la gran fiesta de la Santísima Trinidad.    Es la fiesta cuando damos importancia a las relaciones que existen entre las tres personas de Dios.  Nos damos cuenta otra vez de que nuestro Dios no es un Dios más allá de nosotros, sino un Dios con nosotros.  Es la celebración de la verdad eterna, de que el Dios que nos salva por medio de Jesús y por el poder del Espíritu, vive eternamente en una comunidad de personas reunidas en amor.

 

No vamos a tratar de entender el misterio de la Trinidad.  Es imposible y de veras no va a cambiar mucho nuestra vida.  Lo que si nos puede inspirar y guiar es pensar en como Dios demuestra este gran amor que nos tiene.  Vemos un Dios que nos rodea desde el primer momento de la vida con una familia que solo vive para recibirnos con cariño y afección.   Dentro de la familia, Dios es semejante a los papás que están más que contentos en dar toda su atención a los hijos y que no buscan estar siempre el centro de atención.  Vemos una imagen de Dios en los esfuerzos que hacen los papás para proteger a sus hijos de los dolores y sufrimientos de la vida.    Y no es solamente cuando los hijos son pequeños.  Reconozcamos la confianza que Dios nos tiene cuando vemos a los papás que permiten que sus hijos salgan de la seguridad de la casa para encontrar su propia vida en el mundo.

 

Encontramos un reflejo del amor de Dios en una esposa que va madurando a una medida distinta de su marido, pero que sin embargo sigue fiel y paciente.  Vemos un reflejo de  Dios en un marido que se sacrifica trabajando día y noche para que su familia tenga las necesidades de la vida.  Hay otro reflejo de Dios en la generosidad de los abuelos que se dedican a sus nietos, yendo  a sus deportes y presentaciones de la escuela.  Vemos un reflejo de Dios en los hijos adultos que invitan a sus papas a vivir con ellos cuando ya no pueden cuidarse solos.

 

Decimos que la Santísima Trinidad vive eternamente en una comunidad de amor.  Vemos nuestra comunidad aquí en la Iglesia, apoyando a las familias que han perdido a un ser querido, pasando tiempo con ellos y ofreciendo comida y oraciones.  Vemos tantas y tantas personas visitando a los enfermos e invitando a los que viven solos a sus casas para cualquier celebración.  Vemos individuos que dedican horas y horas a los niños de la comunidad guiando sus deportes y vigilando su seguridad.  Vemos esta comunidad movida a la compasión activa por los desastres que llegan a gente en otros países. 

 

Tal vez no entendemos bien el misterio de la Trinidad en términos teológicos, pero creo que si, lo entendemos muy bien en su manifestación de comunidad y en su capacidad de vaciarse por el bien del otro.  Dios les bendiga en este día tan magnifico.  


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com


 

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