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Palabras para Domingo

Domingo de Ramos 2019

Isaías 50: 4-7

Filipenses 2: 6-11

Mateo 26: 14-27:66


 

¿Como podemos entender la liturgia de hoy?  Empezamos con la entrada de Jesús triunfal en Jerusalén.  Vemos a Jesús en el papel raro para El.  Hoy El Señor entra sentado en un burrito, con la gente echando sus mantos y ramos para que el polvo del camino no le ensucie.  La gente le recibe como rey.  Y no es que la gente le impone estos signos de honor.  Es Jesús mismo que había mandado a los discípulos que buscaran el burrito.  Es Jesús que decidió entrar así en Jerusalén.  El sabe que la gente le va a recibirle como Mesías.  Y Jesús acepta este honor.

 

Pero al poco rato, todo cambia.  Ahora escuchamos la lectura de la pasión- y la Iglesia insiste que nos fijemos sobre todo en la cruz.  Es fácil dejarnos llevar por los sufrimientos de Jesús.  Pensamos en el dolor, en sentido de abandono, en la traición, en la soledad de este hombre tan bueno que pasó su vida enseñando el amor del Padre.  Sentimos el terror de Jesús que reza en la huerta, “Padre, si quieres, aparta de mí esta amarga prueba.”   Vemos la sangre de su sudor al pensar en la agonía de su muerte.  Su alma esta rendido de dolor y él sabe que el único camino a la fidelidad le llevará a la pasión. 

 

Pero hay un peligro en dejarnos enfocar solamente en el dolor.  Nuestro Dios no es un Dios de dolor sino un Dios de amor.  Ni Dios ni Cristo ama el dolor, sino aman a los que sufren.  No aman las lágrimas, sino que aman a los que lloren.  No aman a la muerte, sino a la vida.  El Padre de Jesús no es un Dios que mortifique a los hombres sino un Dios que resucita a los muertos.  La cruz es un símbolo de amor y no una glorificación del dolor.   Es el símbolo de amor llevado hasta el extremo en un mundo lleno de odio.   La pasión es una revelación del amor, del amor que Dios nos tiene a cada uno.

 

El Evangelio de la pasión y muerte de Jesús no se anuncia cada año para dejarnos envueltos en un sentido de culpabilidad y vergüenza.  Se anuncia para que podamos entender nuestra responsabilidad para extender el reino de amor y fidelidad.  Vemos los extremos de la condición humana.  Como en el relato de San Mateo, vemos los líderes civiles y religiosos hoy que no aguantan una voz de oposición y usan su poder para silenciarla.  Como en el relato, vemos la gran mayoría de la gente que se dejan llevar por la voz popular, mismo cuando sabemos que la justicia nos dicta otro camino.  Como en el relato, nos dejamos callados por el miedo de hablar la verdad.

 

Al leer la pasión, nos damos cuenta de que Judas no es único que traiciona a su amigo.  Pedro no es un único que se proteja en vez de seguir fiel a su amigo.  Los discípulos no son los únicos que duermen mientras que un amigo está sufriendo abandonado.  Y Cristo no es un único que sufre por el bien de los demás. 

 

La lectura nos llama a una conversión y transformación.  No es un espectáculo ni un drama histórico, sino un retrato de nuestra vida.  Dejémonos entrar en la historia reconociendo nuestras limitaciones en los personajes del drama, con un deseo fuerte de cambiarnos para seguir fiel a este Jesús que se entregó a la pasión por fidelidad a su Padre.    Entramos en esta Semana Santa con un corazón abierto para recibir la gracia que Dios nos ofrece.


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com


 

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