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Palabras para Domingo

II Domingo de Cuaresma

03/17/2019

Génesis 15: 5-12, 17-18

Filipenses 3: 17-4:1

Lucas  9: 29-36


 

La pregunta más importante que podemos hacer cada semana al oír el Evangelio es “¿Qué sentido tiene para mi?”  Vemos que San Lucas nos cuenta que los discípulos más íntimos con Jesús le acompañaran cuando subió al monte para dedicarse a la oración.  Son los mismos tres que le van a acompañar la huerta la noche antes de su pasión.  Esta vez los tres tienen una vislumbre de su verdadera identidad.  Ven a Jesús como nunca le habían visto, resplandeciente con una luz del cielo.  Y escuchan la voz que sale de la nube diciendo: “Ese es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo.”

 

Hay un contraste enorme entre lo que dicen los profetas en la primera parte de la lectura y lo que dice Dios al final.  Con Moisés y Elías, la conversación trata de la muerte de Jesús en Jerusalén.  Que terror debían sentir los discípulos al ver la visión de Jesús glorioso, pero hablando de su pasión.  Y a poco rato, la voz de la nube, identificando a este hombre como Hijo de Dios.  El misterio de la persona de Jesús era tremendo- ¿el Hijo de Dios tendría que morir?  Se puede entender porque al bajar del monte los discípulos guardaron silencio y no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

 

Regresamos a la pregunta de arriba, “¿Qué sentido tiene para mi?”  Vemos que San Lucas insiste en la oración como punto de partida en todos los momentos significantes de la vida de Jesús.  Vemos a Jesús orando antes de su Bautismo, al escoger a los Doce, al mandar a los 72 discípulos y más importante, la noche antes de su muerte.  La oración para Jesús es un abrirse a su Padre, una realización de su relación con un Dios de amor y de misericordia.  Al orar, Jesús está disponiéndose a seguir la voluntad de su Padre y entrar más plenamente en su misión.

 

Según San Lucas, la oración sirve como preparación para la caminata de Jesús a Jerusalén.  Esta caminata le va a llevar a la pasión, la muerte y finalmente a la Resurrección.  Es importante que los discípulos tengan una experiencia de la gloria de Jesús- el vestido blanco y el rostro resplandeciente- para fortalecerles en los momentos de sufrimiento y desespera que fueran a sentir durante la vida de Jesús.  Ellos tenían que estar seguros de la identidad de Jesús porque el camino de la vida les iba a llevar a la duda y a la inseguridad. 

 

Es igual para nosotros.  La Cuaresma nos invita a dedicar tiempo a la oración, el abrirnos a Dios, a nuestro Padre.  Tenemos que darnos cuenta otra vez de la relación que tenemos con un Dios de perdón y misericordia.  La oración nos va a abrir a seguir la voluntad de nuestro Padre para que podamos entrar más plenamente en la misión que tenemos en la vida.  Vemos en el evangelio que el momento de la Transfiguración duró unos minutos, o tal vez menos.  Después la vida de Jesús era una caminata con frustración, dolor y traición.  Era la oración que le dio la valentía de seguir fiel.  Es la oración que nos da la valentía de seguir con los quehaceres de nuestra rutina. 

 

Vemos también que la experiencia de la Transfiguración no cambió los resultados de una vida de fidelidad para Jesús.  Los mismos profetas hablaron de su pasión y muerte en Jerusalén.  Es igual en nuestra vida.  La oración no es una especia de magia que nos protege de sufrimiento y de dolor.  Es más bien la fuerza que nos sostiene durante el sufrimiento y el dolor.  Es la convicción de que Dios está siempre a nuestro lado, dándonos la fuerza que necesitamos para aguantar los momentos difíciles de la vida.  Es la capacidad que tenemos de quedarnos firmes en la fe, diciendo “Creo que Dios me ama y que está siempre a mi lado”.

 

Entonces, el sentido de la lectura hoy es claro.  Durante la cuaresma, debemos entrar en oración con frecuencia, con intención y con entrega.  Con eso, podemos estar seguros que Dios nos guiará.   Parece un plan fácil, pero no lo es.  Si vamos a dedicar tiempo cada día a la oración, tenemos que decidir cuando y hacer los preparativos.  Si no, la rutina de la vida nos va a vencer.  Creo que si hay una sola cosa que hacemos durante estos 40 días, lo mejor seria seguir el ejemplo de Jesús y dedicarnos a la oración.  Porque la verdadera oración lleva a una vida de buenas obras y de fidelidad.


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com


 

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