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Palabras para Domingo

2.17.19

 

Jeremias 17: 5-8

1 Corintios 15: 12, 16-20

Lucas 6: 17, 20-26

 


Si alguien nos pregunta qué cosa nos hace dichosos, mayormente respondemos que es un ser querido, una relación con un esposo, un hijo y un amigo que da sentido a la vida. Por eso nos alegramos tanto en una boda, o con el nacimiento de un niño o de una celebración entre familiares y amigos. También, estamos acostumbrados a decir que la salud, un buen trabajo y la seguridad de una casa son bendiciones y por ellos agradecemos a Dios. Y es la razón por la celebración esta semana, el día de los enamorados, cuando festejamos a todos los que tienen relaciones de amor en su vida.

Sabemos bien lo que es una bendición y creemos que Dios es un Dios de bondad que quiere llenarnos con bendiciones. Por esta razón, nos suenan raras las palabras de Jesús en el Evangelio: dichosos son ustedes los pobres, los hambrientos, los que lloran y los que sufren. Y nos asustan aún más cuando pensamos en los pobres que pasan hambre, que pierdan a sus familiares en desastres naturales y que sufren toda clase de enfermedad. Nuestro corazón nos dice que Jesús no quiere que cualquier individuo sufra así. ¿Entonces, como podemos entender las palabras que escuchamos hoy?

Es bueno enfocarnos en la primera bienaventuranza: "Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios". En el tiempo de Jesús, la riqueza se entendía como signo de la bendición de Dios. Y es seguro que la mayoría de los que se sentaron en el llanto cuando Jesús descendió del monte no eran ricos. Era gente sencilla y pobre, que le siguió a Jesús porque Él les daba importancia. Estaban despreciados por los sacerdotes, los fariseos y los escribas. Se entendía que ellos no se incluyeron entre los bendecidos por Dios, porque su pobreza era signo de su pecado. Entonces, las palabras de Jesús eran revolucionarias. Todo el esquema de predilección de Dios estaba puesto al revés. Jesús estaba declarando que Dios les tenía amor y les había bendecido.

¿Y porque eran dichosos? No era por su pobreza, sino por la sencillez de su corazón. Jesús no les estaba predicando una resignación pconsu pobreza, sino una declaración de la importancia de los pobres en los ojos de Dios. Ellos no debían resignarse a su estado de miseria, sino que seguir adelante con una visión de las posibilidades que tenían, como bien-amados de Dios. Era un mensaje de aliento, de esperanza y de alegría. Era un mensaje que solo ellos, los pobres, pudieron captar. Los ricos se veían justificados. Creían que su riqueza era señal de su favor con Dios. Pero Jesús estaba extendiendo a los pobres una visión inversa del Reino. En el Reino de Jesús, los que buscaban la verdad, la justicia y la compasión eran los dichosos.

Esta lectura nos viene en buen momento. Vivimos en un mundo que mide el éxito por la riqueza que uno tiene. El Evangelio nos da una oportunidad para escuchar las palabras de Jesús como si fuera por primera vez. Debemos considerar nuestro corazón. ¿Somos complacidos? ¿Estamos satisfechos con los bienes del mundo? ¿O podemos ver el vacío en nuestro corazón y reconocer que necesitamos algo más?

¿Donde estamos? Si podemos reconocer nuestra falta de compasión, de perdón y de generosidad, somos entre los pobres de la tierra. Si podemos ver nuestra necesidad de paciencia, de auto-sacrificio, de cambio de estilo de vida, somos entre los pobres de la tierra. Si podemos entender que hoy podemos empezar de nuevo, que podemos entrar en un camino de compasión, somos entre los pobres de la tierra. Y si podemos presentarnos antes Dios humildes y no llenos de si mismo, somos en buena condición de comenzar der nuevo. Con esta sabiduría podemos seguir adelante, sabiendo que nos encontraremos entre los dichosos del Reino.


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com



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