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Palabras para Domingo

 

La Epifanía del Señor

Isaías 60:1-6

Efesios 3: 2-3,5-6

Mateo 2 1-12


A veces pensamos que esta fiesta de la Epifanía del Señor es principalmente para los niños. En muchos países, y aquí también, la gente latina tiene fiestas con comida y fraternidad. Pero mayormente el enfoque de los niños queda en la visita de los reyes que les lleva regalos. En muchas ciudades, hay desfiles en la calle con los reyes en sus vestidos esplendidos y hasta a veces camellos. Estas celebraciones son buenas; nos recuerdan que somos unidos en la fe, a pesar de los muchos países de origen. También nos sirven para recordarnos la importancia de la generosidad y el lugar privilegiado que debe tener los niños.

Pero hay otros sentidos de esta fiesta que hablan directamente a los adultos. Podemos ver en el camino de los reyes magos un plan para nuestro viaje en la fe. Los magos descubren un signo, la estrella, y siguen la ruta que está iluminada por su luz. Ellos son abiertos a algo nuevo, al inesperado, a la verdad que se revela dentro de otra cultura. Salen de su país y se informan, buscan, y preguntan. Dice el Evangelio que al ver de nuevo la estrella, se llenaron de alegría. Y después de un largo viaje, encuentran al niño con María, su madre.

Creo que podemos ver un reflejo de nuestro camino de la fe en esta linda historia. En algunos momentos de la vida, descubrimos un signo. Puede ser un acontecimiento dentro de la familia como el nacimiento de un niño o la muerte de un ser querido. Puede ser un acontecimiento en la vida económica como la pérdida de un trabajo y un fracaso de una empresa. Puede ser un desastre natural y un acto de terrorismo. Pero para el individuo es un signo, un signo de que hay un poder más grande que lo humano y que estamos llamados a conocer mejor este poder que llamamos Dios.

Puede ser que estos acontecimientos nos causan angustia y duda. Parece que hemos perdido el camino que conocíamos bien y tenemos que entrar en tierra extranjera. Tenemos que aceptar que todo lo que antes nos ofrecía seguridad ya no sirve. Es momento de riesgo y miedo. Pero, como los magos, si estamos abiertos a lo nuevo, a lo inesperado, a lo inexplicable, podemos seguir adelante. Como los reyes, podemos informarnos como andar en territorio nuevo. Podemos buscar ayuda de otros que ya han pasado por esta experiencia. Y si seguimos fiel, al final de cuenta vamos a encontrar la presencia de Dios en una manera nueva y podemos llenarnos de alegría.

Las lecturas nos hablan de la luz, una luz brillante que guía a los reyes. ¿Cuales son las luces que nos guían hoy? Puede ser que es una persona que nos sirve como ejemplo de fidelidad y sacrificio. Puede ser un pariente que no se queja a pesar de una enfermedad grave. Puede ser una palabra de un sacerdote o de un vecino. Puede ser una maestra que nos ayuda a comprender a nuestros hijos. Puede ser un doctor que nos indica un régimen más sano para nuestro estilo de vida. Hay tantas luces en nuestra vida, pero tenemos que reconocerlas y seguirlas para llegar al conocimiento de nosotros y de Cristo.

El Evangelio hoy nos dice que los reyes abrieron sus cofres y ofrecieron regalos al Niño y a su Madre. Eran regalos preciosos; oro, incienso y mirra. Demuestra la generosidad de estos reyes. Creo que la lectura nos invita a ser generosos con nuestros tesoros. Los tesoros preciosos que tenemos no son oro e incienso. Para muchos de nosotros el regalo más precioso que tenemos es el tiempo. Podemos compartir un poco de tiempo con la familia o con un vecino que vive solo y olvidado. Hay el regalo de interés que podemos compartir con algún familiar que no se lleva bien con la mayoría de la familia. Hay el regalo de paciencia con un niño o un padre difícil. Hay el regalo de generosidad que se extiende a un vecino que necesita ayuda en su casa. Hay el regalo de compasión que se ofrece a un enfermo que se queja siempre de sus dolores.

Cada año la Iglesia nos invita a contemplar el viaje de los reyes. Puede ser que la razón es porque la caminata en búsqueda de Dios es una caminata que se repita muchas veces en nuestra vida. Cada vez que encontramos a Cristo, nos llenamos de alegría y nos sentimos muy contentos. Pero como los reyes, tenemos que empezar un nuevo viaje. Y en medio de la ruta, vamos a encontrar otro signo, otra estrella que nos guía una vez más a una nueva manifestación de Dios. Debemos estar abiertos, listos a aceptar al Dios que no se deja limitar por nuestro entendimiento. Nuestro Dios tiene muchas estrellas, muchas manifestaciones, muchas revelaciones. Lo importante es estar atentos y listos a correr el riesgo de viajar donde no conocemos el camino.

Hoy podemos entrar en las fiestas y gozar de la alegría de los niños. Pero en los momentos tranquilos de la tarde, debemos meditar las enseñanzas que la fiesta tiene para los adultos.


Sr. Kathleen Maire -  kathleenemaire@gmail.com


 

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